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sexta-feira, 17 de maio de 2013

Entrevista a Albano Martins, notable poeta portugués.





“El tiempo pasó irrevocable, pero quedó la Poesía”

Entrevista de Alfredo Pérez Alencart, Universidad de Salamanca
Fotos: Jacqueline Alencar y Casino de Figueira
Ilustración: Miguel Elías, Universidad de Salamanca

Afincado Oporto, donde hasta hace poco dio clases en la Universidad Fernando Pessoa, un poeta destila la fiebre siempre nueva de la Poesía. No hace pirotecnias verbales, solo dice: “Basta una flor,/ basta un ala/ para saber que la primavera/ entró en nuestra casa”. Admiro a este Poeta a quien pude conocer personalmente en mi Salamanca, allá por octubre de 2009, como acredita su propio corazón en “Salamanca 2009”, un poema escrito en el hospital salmantino, mientras se sometía a una sesión de diálisis: “En el Colegio del Arzobispo,/ medalla y emblema/ de la ciudad, sólo los palomos y algún/ pardal solitario cargan/ en su pico el misterio/ del tiempo, hecho canto,/ y la música/ de las piedras, hecha/ oración del silencio./ (A Jacqueline y a Alfredo)”.
 
Con esta entrevista quiero trazar algunos de los puntos cardinales de Albano Martins (Telhado, Fundão, 1930), uno de los grandes nombres de la poesía portuguesa actual, junto con António Salvado, António Osório y Vasco Graça Moura. Licenciado en Filología Clásica por la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa, ejerce como profesor en Universidad Fernando Pessoa, de Porto. Publicó su primer libro, Secura Verde, en 1950. Su obra poética comprende más de 25 títulos, buena parte de ellos reunidos en Assim São as Algas (2000), Posteriormente publicó Castália e Outros Poemas (2001), Três Poemas de Amor Seguidos de Livro Quarto (2004)  Palinódias, palimpsestos (2006), así hasta llegar a Estão agora floridas as magnolias (2012). Una buena muestra de su obra se encuentra en As Escarpas do Dia (Poesia 1950-2010), publicada por Afrontamento  Además de poeta, también es traductor. Entre los autores que él trasvasó al portugués, destacan Pablo Neruda (seis libros, entre ellos Canto General, que le supuso el Gran Premio de Traducción APT/PEN Club Português), Giacomo Leopardi, Rafael Alberti y Nicolás Guillén. La República de Chile le concedió la  Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral. Es Doctor Honoris Causa por la Universidad S. Marcos (S. Paulo, Brasil). En España se publicó Escrito en rojo (Editorial Germanía, Alzira, 2009), en versión de Ana María da Costa Toscano.

Han pasado 62 años entre Secura verde y Estão agora floridas as magnolias, tu primero y último libro publicado, por el momento. ¿Qué ha pasado, además del tiempo? ¿O es que por la Poesía no pasa el Tiempo porque ella misma es nudo y plenitud de tiempos que no se queman?
 
Entre Verde sequía, de 1950, y Ahora están florecidas las magnolias, de 2012, el tiempo pasó irrevocable, pero quedó la Poesía, esa que vive y palpita en todos los poemas que escribí. En ellos, de algún modo, también el tiempo es el que vive y palpita. Apresado en una jaula dorada, añadiría.

¿Tuviste mortales impaciencias cuando joven o siempre te amparó el sosiego?

Tuve, naturalmente, como todos los jóvenes, mortales impaciencias, porque la juventud es un tiempo de inquietud (de revelación y revolución, también) y, como diría Pessoa, la oportunidad de “sentir todo de todas las formas”. El descubrimiento del amor, por ejemplo, es una experiencia única, intransferible, que nos roba el sueño y devora las entrañas. El sosiego, ése del que hablas, no pasa de ser, juzgo yo, una buena metáfora. ¿Cómo puede, en verdad, tener sosiego el poeta, cuando siguen sin respuesta las preguntas de Gauguin, cuando el hombre se ve todos los días agredido en su dignidad y la justicia es una mera figura retórica? No es casualidad que una de las obras fundamentales de Pessoa, y del siglo XX, pienso yo, tiene por título Libro del Desasosiego.

¿Cuáles tus lecturas iniciales, los autores que más te conmovieron hasta que te afirmaste con esa impronta tuya?

Comencé, naturalmente, por los autores de las antologías escolares; esto es, por los clásicos. En primer lugar Camões, a los que se unieron poetas como Bocage, Eugénio de Castro, Antero de Quental, Gonçalves Crespo, António Nobre, Cesário Verde, Camilo Pessanha y otros más, antes de llegar a los contemporáneos. De todos ellos, los antiguos y los modernos, los que más han contribuido a mi formación como poeta fueron, además de Camões, Cesário Verde y Camilo Pessanha. Pero hay otros que estimo mucho, hablando sólo de los portugueses: Pessoa (no todo), el Miguel Torga de los tres primeros volúmenes del Diario (allí están algunos de sus más bellos poemas), Vitorino Nemésio  (especialmente el de El animal armonioso y Yo, conmovido al oeste), Carlos de Oliveira, Sophia de Melo Breyner Andresen… Juzgo, por lo tanto, que nuestra idiosincracia, en cuanto creadores, es un complejo mosaico de influencias que, de forma sutil y encadenada, componen la imagen de ese puzzle de inquietudes y misterios a que llamamos poeta.
¿Poesía o Vida? ¿Acaso hay distinción alguna, salvo el lenguaje donde el poeta hace cocción de esa vida que luego presenta en forma de poema?

Poesía es Vida. No concibo una sin la otra, la primera sin la segunda. Tampoco son concebibles el fruto sin la flor, el árbol sin la raíz.
Además de poeta notable, eres traductor de clásicos griegos, italianos e hispanoamericanos. Háblanos de las traducciones que más te han marcado.

Neruda es una de las pasiones de mi adolescencia. Descubrí, a los diecinueve años, uno de sus libros más fascinantes y que siempre me ha acompañado: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Más adelante me surgió la invitación para traducir otro libro suyo, Los versos del capitán, de buena acogida editorial. Después vinieron otros, hasta los siete libros que traduje, de los cuales resaltaría el Canto general. Éste, juntamente con los Cantos de Leopardi, la Antologia Palatina y la  Antologia de la poesía griega clásica fueron las grandes aventuras –las verdaderas odiseas–  de mi actividad como traductor-amador. Esas obras han sido las que más me marcaron, no sólo por la dificultad y complejidad de las versiones, sino también por el desafío que representaron y por entusiasmo que me suscitaron.
Te has acercado a la poesía oriental, el haiku y sus variantes. ¿Crees necesario este abordaje para cualquier poeta que busque esencialidades?

Mi poesía siempre ha estado marcada por la consición. El descubrimiento de la poesía japonesa, del hayku, allá por 1967, significó el encuentro con una forma de expresión que en sí contenía la representación de lo esencial. Idea que ya estaba, en fin, contenida en los fragmentos de los líricos griegos arcaicos que encontré en las aulas de la universidad  (Safo, Alceu, Anacreonte, Mimnermo, Teógnis, entre otros), y en los epigramas seleccionados en las varias antologías organizadas a lo largo del tiempo, en particular en esa que hoy conocemos por el nombre de Antologia Palatina.
¿Qué recuerdos de tu infancia y adolescencia por esas duras y cautivantes tierras de A Beira Interior?

La Beira, la región de la Beira Interior y su paisaje son la matriz de todo. De ella viene mi amor por los árboles, por las flores, por los animales. Crecí allí, a la orilla del agua. Frente a la casa donde pasé la infancia, la casa de la Quinta da Rascoa, próxima a la aldea de Capinha, donde hice los estudios primarios, frente a esa casa, decía, pasaba el río Meimoa, con sus caudales temperados, solo alterados en invierno, sus embalses, sus chopos, almendros y sauces, sus sombras acogedoras donde, en el verano, me recogía a veces buscando protección y frescor ante el calor abrasante. En El espacio compartido, Rodomel Rododendro y otros lugares de mi escritura, se encuentra todo ese lugar que vuelve envuelto en una capa de poesía.
En O espaço partilhado, en Rodomel Rododendro y en la sección ‘Timbres e alegorias’ de O mesmo nombre te instalas en el poema en prosa. ¿Qué te impulsó a incluir estos prosemas en una obra signada por la brevedad o la fragmentación de exiguos versos poderosos?

El poema en prosa llegó de forma espontánea, no premeditada o programada. Su más amplia respiración (o mayor aliento) es dictada –impuesta– por las circunstancias o necesidades del instante creativo. Ella obedece a otras leyes (si de leyes se pueden hablar aquí), instaura otro ritmo, se expande por otros márgenes, pero no le disminuye ni limita el significado y el alcance. Por otro lado, hoy sabemos que lo que distingue la poesía de la prosa no es la extensión de las líneas, aunque sí el tipo de lenguaje de que una y otra se sirven.
La pintura, Albano, siempre ha estado a tu lado o tú al lado de ella. ¿Será porque también tú pintas con palabras? Háblanos de tu relación con ese otro lenguaje que interpreta la belleza y el horror del mundo.

Es verdad: la pintura siempre ocupó en mi vida un largo e importante lugar. Ya en otra oportudidad afirmé que si no fuese poeta es muy problable que sería pintor. Soy extemadamente sensible a las formas y a los colores, y esa inclinación se manifiesta ampliamente, estimo, en mi poesía, que está marcada por una fuerte sensorialidad y, hasta diría, por una vibrante sensualidad. En ella, todos mis sentidos estan empeñados de forma incondicional, esto es, de modo absoluto y sin reservas. Finalmente resaltaría que mi ambición es esa, de hecho, que las palabras valgan lo que para la pintura valen los colores. Como sabes, ya el viejo poeta Horacio proclamaba el Ut pictura poesis en su Arte Poética. Esto es “la poesía como la pintura”. Capte ella (o interprete, como dices) la belleza  o “el horror do mundo”.
Cuáles tus pintores favoritos. Ahora recuerdo que traduje tu poema dedicado al Jardín de las delicias… Qué porción de afectos ocupan Miró, Picasso, Klimt, Matisse…

Esos que citas son, efectivamente, algunos de mis pintores preferidos. Pero hay otros, incluyendo los portugueses Júlio, Mário Botas, Jorge Pinheiro y Cruzeiro Seixas. A Miró, sobre cuya pintura yo mantenía ciertas reservas, me rendí completamente, y de modo definitivo, cuando un día en Madrid entré al Museo Thyssen y vi una retrospectiva del grande pintor catalán. Delante mío tenía un conjundo de óleos titulados “Las Constelaciones”. Era el deslumbramiento. Fue en la secuencia de esa exposición que escribí el conjunto de poemas que titulé “En los jardines de Miró”, incluido en el libro La voz del mirar. En Picasso reconozco la genialidad, que se manifiesta en todos sus grados y variantes. En Klimt, la novedad de las tintas y la pureza de la expresión. En Matisse, al que sumaría a Chagal, es el lirismo del trazo y del color lo que me seduce. Pero también me seducen los “dibujos” de Lorca y las tentativas de Rafael Alberti por el dominio de las artes plásticas. Algunas de esas tentativas son verdaderos poemas coloridos, como esas que adornan la Antología Poética publicada en 1998 por la barcelonesa Editorial Optima.
El Eros en tu poesía está como vivificando las vocales de tus poemas. ¿Mientras vive el hombre siente y desea?

El Eros es, de hecho, como sugieres, la gran fuerza que recorre y sacude mi poesía, matizada, aquí y allí, por algunas notas de melancolía, derivada de la consciencia de la precariedad y de la fugacidad del tiempo. Tempus fugit, decían los latinos, y Horacio tradujo en una oda esa misma consciencia a través de la expresión carpe diem. Está ahí, sobreentendido, un consejo: aprovecha el día –el momento– que pasa, porque el tiempo se escora y no sabes si mañana estarás vivo. Es también esa lección del epicureísmo, filosofía de la vida –la filosofía del placer– que suscribo por completo.
Concluyendo: el amor es la única arma capaz de resistir a los asaltos del tiempo y, como sabes, a él no se hurtaron los propios dioses, comenzando por Júpiter, el padre de todos ellos. Respondo, finalmente, a tu pregunta: el hombre es un ser destinado para el amor y solo la muerte matará su deseo.

Brasil te viene reconociendo, tal como tú has reconocido, líricamente, a esa parte sustancial de la lusofonía. ¿Cuál el entrañamiento tuyo con Brasil? ¿Va más allá de A voz do chorinho…?

Sí, mi poesía ha encontrado en Brasil una receptividad y un reconocimiento mayor, bastante mayor, que en Portugal. Hace poco recibí, desde S. Paulo, la información de que una profesora de universidad prepara una tesis de doctorado sobre mi obra. Se sumaría así a otra ya defendida hace años en Río de Janeiro. Y también es verdad, como señalas, que a Brasil tengo dedicado un indefectible afecto. Mi deslumbramiento, que habrá sido semejante al de los navegantes que en 1500 desembarcaron por vez primera en aquellas tierras, ocurrió cuando en 1985 descendí en Galeão y entré en contacto con la realidad brasileña, teniendo inmediata traducción de dos libros que allí publiqué: A voz do chorinho ou os apelos da memória y Poemas do retorno. En los años siguientes volví a Brasil unas veinte veces, donde tengo hoy muchos y buenos amigos, además de numerosos admiradores y exégetas de mi poesía. Si existe una segunda patria, la mía es Brasil.
Lo vegetal (el bosque, la selva, las flores…) aparece con frecuencia en muchos de tus libros publicados.

El mundo vegetal lo traigo aferrado a la piel desde la infancia. En la vasta naturaleza muerta que era la Quinta da Rascoa predominaban los tonos verde, solo quebrados, en los otoños, por la invasión de otros colores de su variada paleta y, en el verano, por el amarillo de las mieses. Crecí con las flores, las plantas, los árboles del bosque (robles, eucaliptos, pinos) y del huerto (higueras, naranjos, cerezos, almendros). Dormí con ellas, las llevé a la escuela. Los sabores de los frutos de algunas de esas plantas todavía los guardo en mi memoria gustativa. Lo que he hecho, en mi poesía, es traerlos a la antecámara del habla, que es la palabra escrita. Es darles una voz y un nombre. Así les retribuyo, así les pago, la compañía y el bien que me hicieron en aquellos años dorados.
¿Qué significancia tiene el mar para un portugués como Albano?

El mar quedará siempre como símbolo del viaje y de la aventura. Metáfora mayor, en él caben todas las otras metáforas, las del Arte y las de la Vida. Es así desde Homero, Virgilio y Camões. Para mí, que no soy marinero, algunas veces el mar ha sido pretexto para viajes imaginarios y saltos en el abismos. En O espaço partilhado, le dediqué un largo poema en prosa y tengo un libro inédito, de poemas breves, Desta varanda, o mar, que también le es dedicado. A través de él, navego –navegamos todos, entiendo yo- en dirección a las ítacas que siempre se perfilan en nuestro horizonte vital.
Y hablando de España, ¿cuál es tu sentimiento hacia ella?

Tengo por España un antiguo y arraigado afecto o, diría mejor, admiración. Por el carácter de su pueblo, por la idiosincrasia de sus gentes, por su cultura: sus pintores, sus escultores, sus escritores, sus poetas. También por su música, por sus cantantes: Plácido Domingo, José Carreras, Monserrat Caballé. Y tengo, finalmente, algunos buenos amigos españoles. Es tanta la admiración que tengo, como decía Neruda, a “España en el corazón”.

Descríbenos tu relación con Vicente Aleixandre.

Mi relación epistolar con Vicente Aleixandre data de principios de los años cincuenta del siglo pasado. Deseoso de conocer más de cerca la obra del poeta, que yo sabía era uno de los nombres relevantes de la generación española del 27, le remitó un ejemplar de mi primer libro, Verde sequía, pidiéndole que me hiciera llegar un libro suyo, explicándole la dificultad de encontrar en las librerías lisboetas obras publicadas al otro lado de la frontera. Recibí, como respuesta, una carta y un ejemplar de Sombra del Paraíso, uno de sus libros más celebrados. Hasta 1956 fueron frecuentes entre nosotros el intercambio epistolar, acompañado por el envío de otros libros del poeta. Entonces mi vida sufrió un cambio radical: ingresé al servicio militar obligatorio; terminé la licenciatura de Filología Clásica en la Facultad de Letras de Lisboa; comencé una carrera de profesor; me casé y tuve una hija; hice la pasantía y prácticas pedagógicas; concursé a las oposiciones de la enseñanza oficial y fui a parar al Liceo de Angra do Heroísmo, en las islas Azores… Todo eso, sumado, contribuyó para que durante diecisiete años perdiese el contacto con Aleixandre. Lo retomé en 1980, cuando estuve ligado a la revista Nova Renascença, de Oporto, pidiéndole una colaboración para la misma. Estuve en Madrid en septiembre de 1981, para el lanzamiento del número 4 de la revista, dedicado en parte a Juan Ramón Jiménez. Intenté un encuentro con el poeta, pero estaba fuera de Madrid, convaleciente de una reciente intervención quirúrgica. Todo eso, y más, consta en el volumen Cartas a Albano Martins, ahora publicado en España por la Universidad de Córdoba.
¿Cuánto de antiguo tendría que ser un poeta moderno?

Juzgo que ningún poeta digno de este nombre puede recusar la herencia del pasado. Parafraseando a Alceu, poeta lírico griego del siglo VII-VI a. C., de la nada nada nacerá. Lo que cada uno recoge de esa herencia depende, necesariamente, de su cultura, formación e idiosincracia. Por otro lado, los términos ‘antiguo’ o ‘moderno’ son un tanto ambiguos y engañosos. Homero, Virgilio y Catulo, por ejemplo, son, desde mi punto de vista, tan modernos como Pessoa o Aleixandre.
Reflexiona sobre la Amistad, tan escasa, tan endeble cuando existe.

Que la Amistad resulta un valor importante en las relaciones sociales lo acredita, de hecho, que sobre ella escribió un tratado, De amicitia, el gran orador latino Marco Tulio Cicerón. Me acuerdo de que, cuando era joven, muchas veces oía decir: “Tener un amigo es tener un tesoro”. En esta formulación está contenida, me parece, toda una sabiduría. Si los hombres fuesen más amigos y solidarios de cierto que otra sería la historia humana. Auschwitz-Birkenau, Dachau y Treblinka no serían los lugares de horror que conocemos, sino simples referencias toponómicas sin mayor significado en la geografía europea.
Rica y valiosa es la lírica portuguesa de todos los tiempos. Danos tu canon básico de autores imprescindibles.

En la cumbre, Camões. Sumaría dos nombres, a mi modo de ver, irrebatibles: Cesário Verde y Camilo Pessanha. Y hay, también, poetas indispensables: Pessoa y Pascoaes, a que añadiríam ya más próximos a nosotros, Vitorino Nemésio, Jorge de Sena, Carlos de Oliveira, Herberto Helder, António Ramos Rosa, Sophia de Melo Breyner Andresen, Mário Cesariny de Vasconcelos…
¿En qué trabajas ahora? ¿Cuáles tus nuevos proyectos de escritura?

Tengo para próxima publicación unos diez libros, entre ellos dos pequeñas historias infantiles, cuatro libros de poesía, una Antología de Ugo Foscolo, el grande poeta italiano del siglo XVIII-XIX, otra del chileno David Rosenmann-Taub, contemporáneo nuestro, y una segunda edición de las Carminas de Catulo, con la traducción de treinta nuevos poemas. Mientras tanto, estoy reuniendo los textos en prosa escritos en los últimos años, con vista a publicar un tercer volumen de Circunloquios. Pido a los dioses que me den vida y salud para tener oportunidad de verlos todos en letra de imprenta. ¿Nuevos proyectos? Te confieso que nunca hice proyectos. Generosa amiga fue siempre la Poesía, que me buscó y no yo a ella.

El pasado 25 de febrero di muchos abrazos a mi amigo Albano. Fue en el Casino de Figueira  da Foz, donde se le tributó un reconocimiento y recibió un dibujo del pintor Miguel Elías. Antes, en los salones del hotel, hablamos largo y profundo, con su amada Kay y mi amada Jacqueline como testigos. Allí le recordé su bello hayku titulado “Las palabras”:
Ninguna rama
 es segura. Frágiles
 son las palabras.

Más abrazos, hasta siempre.



Sobre el autor
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Alfredo Pérez Alencart es poeta peruano-español, profesor de la Universidad de Salamanca y Miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Internacional de Poesía “Medalla Vicente Gerbasi” (Venezuela, 2009) y el Premio de Poesía “Jorge Guillén” (España, 2012). Su poesía se ha traducido a veinte idiomas: portugués, alemán, inglés, ruso, coreano, filipino, francés, croata, búlgaro, japonés, rumano…

Sonetos da vassoura-de-Bruxa

 

Sonetos da  Vassoura-de-Bruxa


Cyro de Mattos



Ó morte quão amarga
É a tua memória.
Eclesiástico, 40-41


I

Julguei que seria esta a minha sorte
Desfrutar do meu trabalho no anel
Generoso de teus ramos. Do mel
Gozar todo o prazer até a morte.

Calo e calor em horas rastejadas
Encheram o meu sono de agonia,
Colher nuvens verdes e não ciladas
De tua luz sonora o que eu queria.

Só, nesse deserto, depois de muito
Arrastado entre sombras, fico vendo
No chão cinzas de tuas bruxas soltas.

De aflição sei, o sangue nas disputas,
A servos e donos do orvalho diga
O vento sobre aroma em terra amarga.



 

II



Pensei encontrar o paraíso nas
Terras do sem fim. Nas manhãs serenas
Frutos dourados. Verdejantes veias
Da vida retomada sem urgências.

Lá, no verde sem fim, perseverava
No velho aprendizado da utopia
Que me habita transpirando no hálito
De pesares e rumos da agonia.

Salpicado de flores, me queimava
Em teu sol forte, ardendo o pensamento
No ouro de tuas amêndoas. De tanto

Querer-te não reparti. De repente
Eis que me encontrei, nos meus rastros, triste.
Então vi nas mãos quanta solidão.


III


Vês morte no ar fendido por bruxas,
Aragem que na solidão despenca
Nostalgia, gargalhar incessante
Dos frutos já mortos.  Desfazer este

No espaço profundo que em tua alma há
Do animal ferido em face do mundo.
Estranho não habitar mais a terra
Dos frutos de ouro.  Nunca mais colher

Hábitos aprendidos com mãos crespas,
Peito molhado, vozes enfeitadas
De flor e chuva.  Diante de ti

Desalento e silêncio, estas sombras
Que te empurram através de desertos.
Como o vento nós mesmos não ficamos
­­IV

Falo das léguas com sua música
Incandescente, da voz na crônica
Lendo as estações em torno das rumas,
Sonho que projetei dentro das brumas.

Falo do fervor na hora mais suada
Que me esparramava, do ter ávida,
Das trilhas pelo olhar que já não voa,
Dos atalhos que um respiro magoa.

Da alma na constante canção impressa
De nódoas, sumindo na velha queixa
Daquilo que entardece sobre manchas.

Agora sob cinzas, no desamor
Espalhado por vassouras-de-bruxa,
Calo-me sem saber para onde vou.*

 

*Soneto incluído na Antologia de Poesia  Contemporânea Brasileira, organizada por Álvaro Alves de Faria, Editora Alma Azul, Coimbra, Portugal.


V


Maior prova de que já não existo
Está nos ares desse triste vento
Onde bruxas com suas crinas soltas,
Ao cabo de vassouras pelas pontas,

Ceifam-me. Dias e noites sem dó
Cobrem de sombras, deixam-me no pó,
Lamenta o coração estremecido.
Perfuram verão de outrora habitado

Do verde constante naqueles frutos
De ouro, suor molhado de acalantos
Em que me pus bem dentro desse mito.

Maior prova de que já não existo
Emerge agora da agonia, eu no meio,
Tentando na memória ser exílio.

VI

 

 


Tive muitos navios. Eles todos
Sob o brilho das safras, carregados
Nas estações das colheitas douradas,
Os cascos incansáveis pelas ondas.

Dentro de mim aquele alegre apito
Das distâncias, trazido pelo vento
Que dos campos de chuva e flor chegava.
Ó alma, ó força, ó vida. Sustentava

Um país inteiro o tempo arrumado
Aos montes por mãos nas vagas do espanto.
Relembro esses navios no pesar

Que sou em mim. No percurso do azar
Por vassoura de bruxas habitado.
No ar ressecado do que sou de morto.


VII

Infame, miserável, tesconjuro!
Eu que dormi na c ama da caipora,
Engoli da mata o silêncio duro,
Nos confins desci das ancas da aurora.

Eu que no buraco o saci peguei,
Lobisomem no tiro derrotei,
No boitatá uma sela botei,
Com o teu esgar o que fazer não sei.

Eu que como menino só fiz rir
Quando os frutos de ouro no meu jardim
Vi, colho só dores dentro de mim.

Feitas, no ocaso, de flores queimadas
Por bruxas que não param de sorrir.
Nada sou nas vastidões desoladas.

VIII

Comi da bosta que o diabo  cagou.
Muitas vezes enfrentei o desamor
Duro da mata fechada, carreguei
Nas costas os espectros da noite. Andei

Com os pés estremecidos e mãos rachadas.
Tive para beber danações, doridas
Paisagens postas na mesa rústica,
Só pra te ver fruto de ouro na música

Dos deuses por mim roubada. Tudo enfim
Venci. C aça e caçador. Só  não sabia
Que o sol se levanta e pra laçar o dia

A noite vem.  Nada valho. Sei em mim
O inevitável que me varre pro canto.
De bruxas, cinzas ao vento, sou de fato.

IX

Dentro de mim ressoa uma nação.
O clima que vem dela nas raízes
Se alimenta em razão de verdes vozes
Do suor derramado pelo chão.

Houve tempo de dedos corroídos,
Duro clamor nos dias mais sofridos,
Cobra no inverno, bala no verão,
De cacau era a flor no coração.

Homem de saga molhada, sangrada,
O ouro vegetal vi sustentar toda
Essa nação enquanto pela estrada

O tempo dava voltas. Tudo agora
Se desfaz. Cai das folhas, insonora,
Essa flor murcha que a agonia gera.*

*O soneto IX foi  incluído na Antologia do Terceiro Encontro Internacional de Poetas, da Universidade de Coimbra, Portugal, com a versão para o inglês por Manuel Portela, poeta, tradutor e Doutor em Cultura Inglesa. E também na antologia Poesia do Mundo/3, organizada por Maria Irene Ramalho de Sousa Santos, da Universidade de Coimbra, Doutora em Literatura Norte-Americana.








X

Da mata treva que junto de ti
Retornas, o sol do espanto pálpebra
Abriu pra te ver nervos brabos de ânsia,
O acordar do mundo que estremeceste.

Do talho no espaço profundo a terra
Sangrando, do animal conhecedor,
Só, em torno dos dias mutilados,
Como o vento em face da vida dúbio.

Diante dos frutos de ouro apencados
Aroma dos céus conquistados, selva
De servos onde as noites estercam.

Ó flagelador de cantos no verde,
Essas bruxas penduradas nos galhos
Tu vês. Mãos gastas de varrer as cinzas.

sábado, 11 de maio de 2013

O Que Disse Minha Mãe

O Que Disse Minha Mãe

                             Crônica de Cyro de Mattos



Quando era o verão, no meu tempo de menino, gostava de olhar as nuvens trafegando no céu azul. Vinham das lonjuras do mar não muito longe da cidade. Da balaustrada do jardim, observava seus movimentos vagarosos, ora como grandes rochas brancas, ora como enormes cogumelos, ora como colchões brancos e macios.  Às vezes estendiam lençóis compridos que flutuavam acima do rio. Faziam descer do céu suas figuras esboçadas, que  ficavam sombreando o espelho das águas aqui embaixo.
Afastavam-se da cidade pela tarde em suas embarcações pesadas, provavelmente transportando gente e carga. Antes que as sombras da noite chegassem, ocultando a tarde abafada, elas contornavam um dos bairros populares da cidade,  situado  no outro lado do rio  com suas casas acanhadas, construídas por gente humilde nas inclinações  do morro. Lá se iam empurradas pelo vento mais alto, rumo às serras azuis que cercavam uma das partes da cidade.
Um dia vi o arco-íris descer de uma nuvem gorda acima da ilha e, lentamente, entrar  no meio do rio. A seguir, ele caminhou  com as suas sete cores e ficou limpando o lodo das águas. Depois  bebeu a  água limpa na corredeira; certamente brincou com os peixinhos ariscos no leito raso, feito de areia brilhante,  pedrinhas lisas e redondas.
         De vez em quando elas inventavam gigantes que sumiam por trás dos morros. Desenhavam carneirinhos que subiam as ladeiras do céu. Mostravam velho de barba e cabelos longos, sentado no tapete que voava. Deixavam sair de um barco encalhado uns  bichos feios, que desapareciam  rápidos. No fim da tarde ofereciam-me flores, que de repente viravam pássaros  luminosos de prata, numa mágica que somente elas sabiam fazer.
 Rendilhadas, onduladas ou achatadas, convidavam-me a viagens imaginárias pelo azul do céu. Maravilhosas travessias em que eu sobrevoava continentes, mares, quintais e jardins de outras cidades. Sentia-me, nesses momentos, que somente eu era o  cavaleiro rico entre os meninos de minha rua. Dono de castelos, que elas me davam de graça, ninguém duvidasse disso.
         Mas não era somente da balaustrada do jardim o local em que eu ficava olhando paras as nuvens no céu límpido do verão. De calção e peito nu, deitava-me no pátio, e, com o rosto para o céu, demorava-me  vendo elas passarem cheias de luz, em suas viagens diárias ao redor da terra.
           Numa manhã em que o sol resvalava seus raios mornos por todos os cantos de nossa casa, o rosto de minha mãe apareceu na janela da cozinha. Depois de me perguntar se já tinha feito os deveres da escola e receber de mim a resposta afirmativa, ela se mostrou interessada em saber o que era que eu estava conversando com as nuvens daquela vez. Disse que estava querendo saber delas se quando crescesse e me tornasse um homem poderia retornar ao mundo da infância para brincar com os meus amigos nas aventuras mais empolgantes.  Fazer essa viagem de volta, como elas que desapareciam e apareciam por onde sempre passavam, como se o tempo fosse um só, sem que houvesse a sua passagem através dos dias, semanas e meses. Espantada com o que tinha acabado de ouvir, minha mãe, sorridente, falou que só existia uma maneira de se voltar ao passado distante quando a gente se torna uma pessoa adulta.
             - De que jeito? – perguntei-lhe, curioso.
             - Sonhando acordado como se o homem, que um dia você vai ser, ainda fosse um menino.  


*Cyro de Mattos é autor de Vinte e um poemas de amor e Os brabos, novelas, Prêmio Afonso Arinos da Academia Brasileira de Letras, entre outros livros.  

segunda-feira, 6 de maio de 2013

Livro de Crítica de Nelly Novaes Coelho Será Lançado com Festa-Homenagem à Professora da USP na Casa das Rosas em SP


LETRASELVAGEM & CASA DAS ROSAS convidam para o lançamento da obra “ESCRITORES BRASILEIROS DO SÉCULO XX – Um Testamento Crítico”, de Nelly Novaes Coelho


Data: 29 de maio de 2013 (quarta-feira), às 19 horas.Local: Casa das Rosas (Espaço Haroldo de Campos de Poesia e Literatura). Av. Paulista, 37 (Metrô Brigadeiro) - São Paulo/SP - Brasil. Entrada franca.


HOMENAGEM:

Na ocasião, IGNÁCIO DE LOYOLA BRANDÃO e CYRO DE MATTOS (representando os escritores brasileiros) e FÁBIO LUCAS e BENJAMIN ABDALA JR. (pelo setor acadêmico) proferirão homenagem à professora NELLY NOVAES COELHO, pela passagem de seus 91 anos de idade e 50 de docência universitária e exercício da crítica literária. (V. Convite anexo)





O LIVRO


Escritores brasileiros do século XX, de Nelly Novaes Coelho (Professora Titular da USP – Universidade de São Paulo), é a suma de 50 anos de pesquisas, leituras e releituras de obras apresentadas em cursos universitários, no Brasil, Portugal e Estados Unidos da América.
Segundo a Autora, foi a “Sorte ou o Acaso” que puseram em seu caminho os 81 escritores reunidos e analisados neste livro. Ao lado dos mais conhecidos (Amado, Graciliano, Rosa, Mário, Oswald, Ubaldo, Loyola...) aparecem nomes que a insensibilidade crítica e o desinteresse do “mercado” colocaram numa espécie de “limbo” (Cornélio Pena, Adonias Filho, Murilo Rubião, Victor Giudice, Campos de Carvalho, Gustavo Corção, Alcides Pinto...) e outros que o desinformado (ou defraudado?) “público” precisa conhecer (Vicente Cecim, Olavo Pereira, Agrippino de Paula, Fausto Antonio, Guilherme Dicke, Mora Fuentes, Samuel Rawet, Cyro de Mattos, Alaor Barbosa...).
No testemunho desses escritores manifesta-se a crise de paradigmas que afeta uma sociedade cansada de si, de Deus, das ideologias... e de todas as velhas e arraigadas crenças – mas que, entretanto, não parece ter ficado mais livre e feliz no caos liberticida e materialista em que o “mundo novo” (moderno ou “pós-moderno”) a engolfou.
Escritores brasileiros do século XX é, como diz o subtítulo, o Testamento Crítico de uma intelectual que sempre pugnou em defesa da língua e da literatura brasílicas, e por meio do qual a autora entrega um legado de conhecimento e sensibilidade crítica à atual e às novas gerações de leitores deste nosso imenso – mas ainda inculto – país.

TATIANA BELINK: “Livro fascinante, fruto de amplas e profundas pesquisas, estudos, leituras e, claro, ideias, conclusões, hipóteses e mesmo perguntas da sua ilustre autora – esta incrível Nelly Novaes Coelho. Ela, a querida e sempre admirada mestra Nelly, com as suas posturas ético-filosóficas, ‘antigas’, contemporâneas, modernas e até ‘pós-modernas’, bem fundamentadas e eruditas, sem deixarem de ser otimistas”


A AUTORA

Nelly Novaes Coelho nasceu na capital de São Paulo, em 17 de maio de 1922, pouco depois da Semana de Arte Moderna. Pertence ao tronco dos Novaes, um dos mais antigos do Vale do Paraíba. Paixões desde a infância: música e literatura. Faz os primeiros estudos no Externato São José e estudos de piano com professor particular. Adolescente, completa o curso de pianista no Conservatório Dramático e Musical de São Paulo, onde foi aluna de Mário de Andrade, em História da Música, pouco antes de ele se desligar do cargo de Professor Catedrático. Dedica-se intensamente aos estudos de piano; vence o Concurso “Maestro Cantú” (para aperfeiçoamento pianístico na Itália), mas a sonhada carreira de pianista frustrou-se, por circunstâncias adversas (o início da II Guerra Mundial/1939 impede os fundamentais estágios de estudo na Europa e, terminada a guerra, em 1945, os caminhos já eram outros).
“Nel mezzo del camin”, já casada e mãe, outro projeto surge: o de tornar-se Professora. Volta aos estudos: Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas (Rua Maria Antônia/SP), área de Letras Neo-Latinas (Licenciatura, 1959). Concluído seus estudos, colaborou com o Prof. Luiz Amador Sanchez, titular do Deptº de Literatura Espanhola e Hispano-Americana.
Em 1960, inicia a carreira de docente universitária, como professora-assistente do Prof. Antônio Soares Amora, área de Literatura Portuguesa.
Em 1961, acumula esse cargo com o de professora titular de Teoria da Literatura, na Faculdade de Letras de Marília (onde lecionava nos fi ns de semana). Segue a carreira universitária: doutora em Letras (USP, 1967), livre docência (USP, 1977). Professora-adjunta (USP, 1981) e professora titular de Literatura Portuguesa (USP, 1985).
Nesse período, inicia-se como crítica e ensaísta literária, colaborando no Suplemento Literário de “O Estado de São Paulo”. Especializa-se em Literatura Contemporânea (portuguesa e brasileira). No decorrer da carreira acadêmica, entrega-se à docência e à crítica, publicando em jornais e revistas do Brasil e do exterior.
Como intelectual atuante, desde 1961 participa de congressos e seminários nacionais e internacionais, apresentando comunicações, posteriormente publicadas nos Anais. Em decorrência dessa atividade, torna-se membro de várias instituições culturais: APCA-Associação Paulista de Críticos de Arte (presidente em 1990); UBE-União Brasileira de Escritores de São Paulo; IHGSP-Instituto Histórico e Geográfico de São Paulo; Instituto Internacional de Literatura Ibero-Americano (Pennsylvania/USA); APC-Association pour La Pensée Complexe (convidada por Edgar Morin); Fulbright Alumini Association (Washington-USA); AEILIJ-Associação de Escritores e Ilustradores de Literatura Infantil e Juvenil e membro-correspondente de várias Academias de Letras nacionais.
Em 1964, como bolsista da Fundação Calouste Gulbenkian/Lisboa, faz seu primeiro estágio de estudos em Portugal, em pesquisas para embasamento de sua futura tese de doutorado sobre Aquilino Ribeiro.
Em 1966, inicia a carreira de escritora, com a publicação de O ensino da literatura, obra destinada à formação de professores, na área da Literatura, e que propunha princípios teóricos e respectivas práticas analíticas, visando a introdução dos estudos literários, desde as primeiras séries escolares, conforme exigência da nova Lei de Diretrizes e Bases nº 4.024/1961.
A esse livro de estreia seguem-se novos títulos, conforme foram sendo exigidos pelo desdobrar da carreira universitária e intensa participação em congressos, colóquios e estágios de estudos ou docência, realizados no Brasil e no exterior.
Como docente e pesquisadora, em 1970 ministrou curso de Cultura e Literatura Brasileira, na Faculdade de Letras/Lisboa e, em 1979, na UCLA-California University/Los Angeles (bolsista da Fulbright Foundantion/USA). Em 1980, em face do novo boom de Literatura Infantil em expansão, criou na USP-Universidade de São Paulo/Área de Letras o curso Estudos Comparados de Literatura Infantil/Juvenil (diurno/noturno, graduação/pós-graduação). Foi uma das pioneiras como docente a trabalhar com a interdisciplinaridade. Ministrou vários cursos de especialização na USP a professores de Ensino Médio a partir da literatura.
Ao longo da carreira, exerceu vários cargos administrativos ou acadêmicos:
chefe-suplente do Departamento de Letras Clássicas e Vernáculas da FFLCH/USP; vice-diretora do CEP-Centro de Estudos Portugueses/USP; membro fundador e presidente do CELIJU-Centro de Estudos de Literatura Infantil e Juvenil; diretora do CELAB-Centro de Estudos Luso-Afro-Brasileiros de LIJ; diretora da APCA-Associação Paulista de Críticos de Arte (setor Literatura) e outros. Sua obra publicada abrange dezenas de livros sobre Literatura Contemporânea, Teoria Literária, Estratégias de Ensino e Educação. Destacam-se O ensino da literatura, 1966; Mário de Andrade para a nova geração, 1970; Escritores portugueses, 1973; Escritores portugueses do século XX/Lisboa, 2007; Literatura e linguagem, 1974; Guimarães Rosa, 1975; Literatura: arte, conhecimento e vida, 2000; A literatura infantil, 1980; Panorama histórico da literatura infantil/juvenil brasileira, 1982 e 2006; Dicionário crítico de escritoras brasileiras, 2002; O conto de fadas (Símbolos/Mitos/Arquétipos), 2003; Primeiro dicionário escolar, 2005, e outros. Dentre as antologias: Ética, solidariedade e complexidade (Edgar de Assis Carvalho, Maria da Conceição de Almeida, Nelly Novaes Coelho, Nelson Fiedler Ferrara, Edgar Morin. 1998); Edgar Morin religando fronteiras (Edgar Morin, André Baggio, Nelly Novaes Coelho, Humberto Mariotti, Mauro Maldonato. Org: Tania M. K Rosing e Nurimar Maria Falci. 2004). Sua produção abrange ainda várias centenas de artigos e ensaios sobre literatura contemporânea do Brasil e Portugal, publicados em jornais e revistas nacionais e do exterior.
Entre os prêmios e distinções recebidos, destacam-se: Prêmio Internacional
Bocage (Ministério da Educação e Cultura de Lisboa/1966); Prêmio Especial/Ensaio-APCA, 1983; Prêmio Jabuti-Ensaio/Câmara Brasileira do Livro, 1975; Medalha Clara Ramos/UBE-RJ, 1993; Troféu Jaburú-Personalidade do Ano 1998/Conselho Estadual de Cultura, Goiânia; Título de Comendadora/UMATI-Universidade do Minho/Portugal, 1997; Troféu Vasco Prado/10ª Jornada Nacional de Literatura. Passo Fundo/RS, 2003; Medalha Imperatriz Leopoldina/HIGSP, março de 2001, e Comenda D. Pedro I/HIGSP, setembro de 2011.
Aposentada pela USP, em 1992, prossegue em atividade, dedicada à pesquisa e análise da Literatura Contemporânea Brasileira e Portuguesa em produção.

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domingo, 5 de maio de 2013

Íntimos Caminhos

ÍNTIMOS CAMINHOS

Florisvaldo Mattos

"Não sei para onde vou / - Sei que não vou por aí “                   

  (José Régio: “Cântico negro", in Poemas de Deus e do   Diabo, 1925)

Não. Nada de penhascos irreais,
Tampouco de florestas invisíveis!
Por aqui tudo fala à sensação;
Ao olhar, ao aroma, à língua, ao tato,
Ao som. Feliz de quem os tem. Ó vós,
Que ditais pelos montes de onde venho,
Por trás de sombras como que vazias?
Enquanto me desfaço de meus fardos
Ancestrais, meu cabedal de fadigas,
Lábios trazem clarões de frescas auras,
Meus pés sibilam sobre sendas rudes,
Mas com promessa de horizontes novos.
Se me pedes que siga o teu caminho,
Descansa. Sei que não vou por aí!

SSA/BA, 1º de maio de 2013