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terça-feira, 6 de janeiro de 2015

Memória, Convivência e Produção Cultural



Abaixo, transcrevo o texto de Luiz Cajazeira Ramos, publicado em fins de  dezembro passado, na página Opinião (página 2), que faz críticas ao novo secretário de Cultura da Bahia, Jorge Portugal, por ter afirmado ser a Academia de letras das Bahia uma instituição carcomida.

Memória, Convivência e Produção Cultural
Luiz Cajazeira Ramos*

A coluna Tempo Presente, no dia 21 de dezembro, informou que eu enviara uma nota aos demais membros da Academia de Letras da Bahia (ALB) para lembrá-los de uma carta de Jorge Portugal, publicada em A TARDE, na qual ele chamava a ALB de “instituição carcomida”. O editor da coluna, Levi Vasconcelos, foi feliz com as palavras, situando no relacionamento institucional minha reação à escolha de Portugal para secretário de cultura do estado.
Nada tenho contra Portugal. Sei que se firmou como professor de português em cursos pré-vestibulares; que se interessa pela música popular do Recôncavo e outras riquezas da baianidade; e que comandou o programa Aprovado da TV Bahia, indo além das dicas aos estudantes e dando espaço a artistas e intelectuais.
Nossa relação é esparsa. Quando nos vimos, fomos alegres e cordiais. No Aprovado, colocou frente à câmera um livro meu, abriu-o e leu um poema com nítido entusiasmo. Para além de nosso ínfimo convívio, tenho-o como um boa-praça.
Não posso adivinhar sua gestão. O governador eleito viu nele perfil para o cargo, e nós esperamos os melhores resultados. Mas ele encontrará dificuldades: o orçamento da cultura é pequeno; o apoio dentro e fora do governo costuma ser pífio; e a legislação do setor, a meu ver, é cheia de amarras equivocadas.
Minha mensagem aos confrades não tratava disso, mas de um fato lamentável. Ao dizer ao leitor de A TARDE que a ALB é carcomida, Portugal demonstrou preconceito e ignorância. Ele não conhece a Academia. Ela não é carcomida, nunca foi. Desde a fundação em 1917, ela participa ativamente da vida cultural, social e política.
Ao longo dos anos, suas 40 cadeiras são ocupadas por pessoas que deixam um rico legado cultural. Desconheço outra agremiação local que se lhe iguale na produção literária de seus membros. Algum grande escritor pode não ter tido a honra de ser eleito acadêmico, mas o plantel da ALB é ímpar: poetas, ficcionistas, ensaístas, jornalistas, filósofos, cientistas sociais, educadores, ilustres pensadores baianos.
As atividades da ALB são muitas. Seu apertado calendário dialoga com instituições culturais e a sociedade, incluindo palestras, seminários, cursos, concursos, lançamentos de livros e revistas, oficinas literárias, visitas guiadas de estudantes, além da agenda própria de sua natureza e continuidade: reuniões ordinárias, eleições, cerimônias de posse, sessões de saudade, encontros de confraternização.
Aquela minha nota era intramuros, para os acadêmicos. Eu lhes perguntava como lidar com um secretário de cultura que, num ato talvez impensado, detratara a ALB de forma tão injusta. Mas a nota vazou e foi publicada neste jornal. Seria a oportunidade para eu mudar de tom e convidar o futuro secretário a conhecer nossa Casa?
Em recente encontro na ALB, reunimos os candidatos a governador para debater a política cultural. Fizemos um documento com sugestões e entregamos cópia a cada um. Faço questão de dar uma cópia a Jorge Portugal. Há um novo governador, um novo secretário, mas a Academia é a mesma: um refúgio de memória, convivência e produção cultural.



* Luiz Cajazeira Ramos, poeta,  pertence à Academia de Letras da Bahia
poetacajazeira@uol.com.br

sábado, 20 de dezembro de 2014




(Mattos, Cyro de, Onde Estou e Sou / Donde Estoy y Soy,
Brasília: LER Editora,  traducción y prólogo
de Alfredo Pérez Alencart, 2013, 120 págs.)




 
Desde las altas cavernas de la contemplación, desde un volver a la vida vivida y soñada por quien ha cumplido con humilde satisfacción sus deberes y objetivos profesionales y humanos, la pintura poética de la antología Onde Estou e Sou / Donde Estoy y Soy, del autor brasileño Cyro de Mattos (Itabuna, Bahía, 1939), rescata las voces y los murmullos líricos que componen el mosaico de su ser. A partir de un profundo bagaje literario (El Cid, Darío, Whitman, Neruda, etc.), de Mattos arriesga toda su persona, echa un volado al aire y se convierte en el espectador y la víctima de esa cara o cruz de la moneda.
De Mattos domina con maestría y finura extremas la tradición literaria renacentista del soneto, pero también rompe cánones y crea voces de vanguardia. En «Duro mundo» su impulso poético transgrede la sintaxis, su lirismo deambula por ambientes surrealistas. «Galope» en efecto resulta un sonoro galopar de sus caballos. En sus poemas encontramos al niño que conoce por primera vez el mar y al hombre mayor que detiene sus pasos en un punto del camino y los oye volver con una oleada de recuerdos, presencias y fantasmas que lo derrumban. Su tierra madre. Nostalgia en las piedras. Viejos almacenes. Ríos. Sí. Su río, su inocencia, su infancia, el paraíso aquel.
         Resalta en la poesía de Mattos una confesión entrañable. Una fragilidad abierta a los disparos y los abrazos del mundo. Estamos ante una selección de poemas escogidos entre ocho libros, que comprenden el rango de una década larga; cinco publicados: Vinte Poemas do Rio (Veinte poemas del Río), Cancioneiro do Cacau (Cancionero del Cacao), Ecológico (Ecológico), Vinte e Um Poemas de Amor (Veintiún poemas de Amor) y Oratório de Natal (Oratorio de Navidad), y tres inéditos: Rumores de Relva e Mar (Rumores de Hierba y de Mar), Agudo Mundo (Mundo Duro) y Devoto do Campo (Devoto del Campo).
Al inicio de su antología encontramos el poema «Lugar». La perspectiva del sujeto lírico no ensalza a las personas, ni a la naturaleza, no engrandece ni pone por alto a nadie. Tampoco resulta horizontal, de igual a igual. Ni desliza miradas esperpénticas para degradar a nadie. En cambio, al instante reconocemos su poética, donde se sabe un grano en el desierto, y desde esa pequeñez lanza su alarido (que es él mismo) por los tejados del mundo. La poesía irriga sus venas, lo hace trascender el tiempo histórico y lo ubica en una antigüedad poblada de misterios. Pone de realce el sentimiento. Lo pone en valor y nos lleva a atisbar el sentido de la vida de nuestro poeta: vivir el miedo, las lágrimas, el beso, la risa; ser música y ser sueño.

La mirada del niño, con su inocencia, resulta una mirada distinta a la del hombre adulto, aunque este hombre, para poder evocarla, necesariamente debe encarnarla, rescatándola con la palabra poética. «El Niño y el Río» tiene la estructura de una letanía. El ambiente adquiere un tono grave, solemne, salpicado al tiempo por antífonas coloridas y deslumbrantes. En «Río Definitivo» encontramos la misma tesitura. La descripción del río que quiere no concuerda con la de un opulento Amazonas / Con su mundo de agua, ni con la de un rebosante Nilo y sus dádivas. Para hablar del río que desea, de Mattos recrea una composición de lugar que nos remonta a las vivencias de su infancia. Verso a verso desgrana las cuentas de los recuerdos de remansos, barrancos, trampolines, la luna, el arenal, islas con tesoros descubiertas en la penumbra, lavanderas en las piedras, arrieros, niños con el viento en el pecho. Somos testigos de un trayecto que recorre las galerías de su vida hasta llegar al «Soneto del regreso», por ejemplo, donde la voz lírica no estará más a la altura del niño, sino a la de un hombre mayor, precisamente del hombre que regresa a su tierra madre, al río de su infancia. Y encontramos esa vuelta marcada con el signo de la Cruz.
Cancionero del Cacao introduce una nota desoladora. Un epígrafe bíblico orienta nuestra lectura. «Oh muerte, cuán amarga es tu memoria» (Si 41, 1). Es amarga para un hombre que vive en paz y que aún puede disfrutar de los manjares. No es una muerte que salve del sufrimiento al hombre necesitado y falto de fuerzas, desesperanzado. Todo pasa como el viento y el poeta se encuentra al pie del vacío: Ves muerte en el aire que hiede a brujas, / Brisa que en la soledad despide / Nostalgia, carcajadas incesantes / De los frutos ya muertos […] // Extraño no habitar más la tierra / De los frutos de oro. En el siguiente soneto podremos leer: Ahora bajo cenizas, el desamor / Esparcido por escobas de bruja, / Me callo sin saber hacia dónde voy.
La voz de Mattos por momentos se convierte en un susurro que nos lleva al interior de ese hombre en plena posesión de la conciencia de sí mismo. Recrea la pintura de los cuadros colgados para la exhibición de sus entrañas. Un pueblo y su flor / Dentro de mí, / Con voces, colores, ríos. / Un pueblo y su flor / Con vientos, pájaros, penas. Dos pilares más que sustentan su obra, de los cuales a uno ya nos hemos referido con brevedad, son el erotismo y el sentimiento religioso. Cinco es el número de los poemas del amor carnal recogidos de sus Veintiún poemas de amor, cuyo título de inmediato nos remite al poemario de Neruda de 1924. De otra parte, títulos asimismo tan significativos como «Este Cristo», «Soneto de la Pasión», «Santa Cruz» y «Viernes Mayor» nos introducen en esas otras voces y otros ámbitos del poeta de la madurez, que al tiempo hacen el papel de primicias en relación con los últimos cinco poemas de su antología, contenidos en Oratorio de Navidad.
El autor bahiano Cyro de Mattos es abogado, periodista, cuentista, novelista, cronista, poeta y organizador de antologías. Forma parte de numerosos Centros de Estudios, Academias e Institutos. Pertenece a la Orden de Mérito de Bahía con el Grado de Caballero, es Miembro de la Unión Brasileña de Escritores tanto de Río de Janeiro como de San Paulo, del Instituto Geográfico e Histórico de Bahía, de la Academia de Letras de Ilhéus y de la Academia de Letras de Itabuna, entre otros. Ha ganado en torno a cuarenta premios literarios, como el Premio APCA (1992) de la Asociación Paulista de Críticos de Arte, al mejor libro de literatura infantil y juvenil; el Premio Literario Internacional Maestrale-San Marco, por su Cancioneiro do Cacau; el Premio de la Academia Brasileña de las Letras; el Premio Miguel de Cervantes, de la Casa de los Quijotes, de Río de Janeiro, para autores en Lengua Portuguesa, etc.
La edición bilingüe de su nueva antología fue preparada por el poeta y traductor peruano Alfredo Pérez Alencart. Cuenta con un prólogo suyo. La presentó el autor de esta reseña la tarde acogedora del miércoles dos de octubre, en el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca (España), junto con Vento da tarde / Viento de la tarde, de Rizolete Fernandes, y Alma afligida, de Álvaro Alves de Faria, en el contexto del homenaje a fray Luis de León en el XVI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, coordinado por Alfredo Pérez Alencart.
En definitiva, Donde Estoy y Soy resalta el dulce sueño romántico azul de la infancia, pero al tiempo es un libro de la vida adulta y madura del poeta de Itabuna, quien pone en valor la esperanza, el renacimiento, la primavera siempre verde a las puertas del invierno. Contemplamos al hombre mayor que detiene sus pasos y los oye volver con una oleada de recuerdos y presencias que sacuden su ser herido de deseo de las aguas puras y profundas.


*Juan Ángel Torres Rechy é poeta e  Doutor em Literatura Hispânica pela Universidade de Vera Cruz, México. Atualmente leciona na Universidade de Salamanca, Espanha. Este artigo sobre uma antología poética de Cyro de Mattos foi publicado na revista digital Crear en Salamanca, Espanha.

quinta-feira, 18 de dezembro de 2014

Confraternização da Academia de Letras de Itabuna








A cineasta Raquel Rocha, o escritor Cyro de Mattos e a comunicadora Celina Santos esbanjam alegria na festa de confraternização de Natal, da Academia de Letras de Itabuna, Alita, da qual os três são membros efetivos, realizada ontem, dia 17, quarta-feira, no restaurante Empório, bairro Jardim vitória. 

terça-feira, 16 de dezembro de 2014

Pássaro Acauã





             Pássaro Acauã

       
                    

 O canto agourento quando canta no galho seco. Cruz-credo, não sossega, com que insistência magoa o peito. O tempo anuncia com estiagem demorada, canta perto e longe. Céu de fósforo o amanhecer, forno quente no poente. Bocas na amplidão de fome e sede. Os pais, a mulher, os filhos pequenos, todos ouvindo o canto atanazado, ferindo os tímpanos. Manhãs e tardes. O pai: Não esmoreça nem desespere. Espere   que cante no galho verde. Lembre disso: No galho seco é do demo. No verde, canto bendito, o melhor tá pra acontecer. O céu junta fiapos de nuvem no começo. Não demora de escurecer o teto. Vem chuvisco de primeiro, chuva de segundo, no fim aguaceiro. Relâmpago, trovão, temporal. Vento valente vira vendaval. Terra e água, uma só liga, mundéus. Quando o sol então abre o olho, a flor brota do chão humoso. Tronco morto vira árvore, o gavião rei amanhece. Pelos ares circulam  cantos, nas folhas o brilho dos pingos, no seio da natureza generosa tudo é festejo.
         Atravessar males da estiagem, ouvindo o canto agourento, veja que Deus tarda,  mas não falha, eis que um dia vem cantar no galho verde. Bom lembrar que acontecerão as  flores,  virão pra compensar os sentimentos esvaídos quando o canto é triste, repetido. O pai ouviu isso do avô, que ouviu do bisavô, que ouviu do trisavô, que ouviu do tetravô, que ouviu do tempo infindo.
            Crendice besta de velho sem juízo. Fizera pouco dos ditos, os ouvidos entupidos praquele tipo de iludição. O que existe mesmo pro pobre é trabalho muito e o pouco de-comer, vidas secas, destino. Pobre nasceu  pra ter na vida só secura, foi o que se deu com o pai, a mãe, os irmãos pequenos. Como dói olhar as cruzes deles nas covas junto do lajedo. Lembrar dos corpos com pele  e osso. Olhos mortiços.       
         Agora enfrenta essa estiagem braba há quase um ano. Nada pode fazer. Como brasa céu e margem. A história novamente acontece. Canto, encanto, desencanto. Frutos murchos, folhas mortas, choro oco, grito sem eco. Ele e o deserto, só deserto. Ares da morte nas pedras, tocos, troncos. Diabo de canto resinguento. E ainda o coro dos filhos nos  pedidos: “Tou com fome, tou com sede.” Surdo ele, muda a mulher. O coração de cada um doendo, a fome roendo nas tripas.
            Quem tem medo de acauã?
            Rumores, clamores, tremores: humanos anseios. Sonha com a chuva, no íntimo querendo ver a flor, o fruto,  pegar o verde. Inundar o olho alegre pela terra como brasa verdejante, de tanta beleza e brilho.  A-c-a-u-ã, a-c-a-u-ã, a-c-a-u-ã, o canto do Cão no arvoredo seco. Tenso apalpando, segue ouvindo, desespero no corpo, raiva  marca o ritmo da mente. Mira perfeita, dedo no gatilho, a bala bem no peito do bicho. Como se saísse pela goela seca, latejando  ódio, vendo o bicho cair junto aos pés. Troço nojento, tão ruim quanto veneno!
            Quem falou que emudeceu? Na serra, baixada, jaqueira no terreiro. Depois do acontecido, mais cantou. Que estranha magia rege este canto secreto? Psiu, veja, homem de Deus,  chuvisco, daqui a pouco chuva, em pouco tempo aguaceiro. É mesmo?
            De cara virada  para o céu, chumbo, a chuva como chumbo  batendo na terra, o pai não disse? Esqueceu? Por que não quis ouvir o que os mais velhos bem conhecem? Encharcando-se, sentado no cepo do ipê,  lambendo os pingos. Do estômago à boca há um  gosto diferente. Sal de lágrima misturada com a água que cai do céu. Escorre  bendita por entre rachaduras, noites mal-dormidas. Ele todo febrento. Não é que o bicho cantou no arvoredo verde? Enfim, os olhos com visões alegres: capim chovido, a natureza toda alaridos.
            Solitário, cabisbaixo, a tristeza de dentro dele quer saber:  O que é, o que é, põe o sol como hóspede no arvoredo seco,  esperança no galho verde quando quer?
 A noite  envolve o casebre com as paredes de adobe exalando o cheiro de barro molhado. Ferrado no sono. Decerto um  canto propaga-se no sonho, atravessa caminhos sob o silêncio da noite turva. Preserva o mistério das falas. Sabe o flagelo do sol, o prazer da chuva.
De jejuns, de água. Desencanto ou encanto. Lá fora quieto. Por enquanto.